Abril 5th, 2010 by kojimasexual
18-02-2010
Carnavales Villar Results…
Remontándonos varias entradas atrás, prometía hacer el gran disfraz de Cell en segunda fase que tanto me ponía… pero acabé fracasando estrepitósamente. Sin excusas, se me echó el tiempo encima y no pude con él. Pensé entonces que me lo hiciera mi abuela como a Lupo o Buitrer, pero deseché rápidamente la idea, un fracaso descomunal merecía un castigo ejemplar. Así que me encaminé resueltamente al carreful y me endiñé el atuendo más abyecto que encontré.
A todo esto, el dummie y su clan nos llamaban incesantemente desde las 19, y apareceríamos finalmente en Villar a eso de la media noche, confirmando la extraña voz de nuestro amigo transformer: un pedo épico que llevaban ya el tanque, las sheriffs y los bomberos. Raudos nos dirigimos a nuestro feudo móvil a dar cuenta de las -escasas- botellas que trajimos. Tras ser inspeccionados analmente por la benemérita y jubilar la bebida, nos reincorporamos al grupo… donde yo definitivamente pinché. No sin antes comprobar cómo el Hombre Rígido sigue en forma de vez en cuando cuando no está con el móvil. Sin venir a cuento, coge a una atractiva fémina, la saca de su grupo y le lee la cartilla, tocándole con una mano el hombro y con la otra su pecho: “Oye, sí, tú, que a mí me parece…. y a mis amigos éste y ése también, que estás muy buena, y eso nos agrada mucho” a lo que la mujer se queda petrificada flipando en colores como yo, y lupo asiente orgulloso.. el buitre ni se entera ya a estas alturas.
A eso de las 5 y media no puedo más cagado de frío y gayer, emprendo la retirada, que contando que soy subnormal y me pierdo en mi calle, va a ser una odisea épica. Tras horas deanbulando sin rumbo, encuentro un puesto de avituallamiento en forma de bocata de longanizas con sabor a humo y de pronto veo la luz…encuentro el coche. Me insatló en él con la calefacción a tope y espero la muerte. Pero en vez de la mayestática dama viene mi compinche Rígido como si hubiera combatido en la tercera guerra mundial, pidiendo el cambio. Se acomoda en el asiento trasero y empieza a roncar a lo que lo increpo, y en respuesta empieza a dar arcadas y amenazar con devolverme el bukake. Rápido como el viento lo destierro de mi celda a la interperie.. donde el alba lanza una diatriba en forma de dos bajo cero. Satisfecho, observo por los múltiples espejos retrovisores cómo mi amigo lucha por sobrevivir, medio tiritando, borracho, durmiéndose e intentando vomitar, en el primer espectáculo de la la mañana. Me suplica que se va portar bien y no vomitar y lo dejo entrar, no sin antes recordarle lo mierda que es ( cuando yo ya llevaba en el coche más de una hora) cuando aparece mi segundo compinche en escena. Si Lupo venía de la tercera guerra mundial, éste viene de la noche de los zombies vivientes. Los pantalones, otrora blancos, son negros como belcebú hasta más allá de la rodilla, impregnados de todas los líquidos y excrementos calificados como insalubres imaginables. Llega y se pone a dormir casi antes de sentarse, satisfecho, a lo que empiezo a oir el crepitar de una bolsa de plástico en el asiento de atrás. Efectivamente, ahora el hombre rígido me ha pillado desprevenido y está potando soberanamente dentro de una bolsa blanca de algún centro comercial que atente contra la decencia y el buen gusto. Con mi habitual simpatía les empiezo a leer la cartilla, diciéndoles de todo menos guapos, y el buitre responde potándose encima, con lo que alargo mis zarpas, abro su puerta y lo echo de su propio coche. Ágil cual pantera, antes de tocar el suelo casi saca un resorte y se introduce dentro del vehículo, sin abrir los ojos ni descruzar los brazos ( su postura de furia-enfado-abatimiento) y continúa con sus potadas sobre sí mismo y su tapicería.
El sol sale amenazante, y el olor a mierda, suciedad, vómitos y humanidad es insorportable ya para mí, mis amigos permanecen a la espera, luchando con morfeo y ya fuera de mí decido que ya está bien, que sea lo que Dios quiera pero yo pongo pies en polvorosa, y más vale que no haya control porque me los llevo por delante y les lanzo dos cadáveres en baja forma para que se diviertan. Pero antes, me pierdo en la gran urbe de los serranos, y he de despertar a Lupo para que me indique la salida del pueblo, como su última exhalación. Así que con las ventanillas bajadas, el techo descorrido y apestando como el mismísimo frotis de satanás, salimos zumbando leches, a todo lo que da el BMW hasta mi casa, donde los abandono a su suerte, aventurando que no serán capaces de estar allí dentro con el hedor más de diez minutos. Deben ser las nueve y algo de la mañana.
Ya a la noche, el hombre rígido me dice que no olían nada, y que permanecieron bajo de mi casa, en el vado, a la vista de todos los vecinos hasta las 2 de la tarde, y se fueron a continuar el sueño Lupo hasta la noche y el buitre hasta el lunes, con la afamada técnica del domingo Lunes. Hasta aquí mi furiosa versión. Dispérsense.