En Benidór, cómo no!

Todo empieza como en una barata peli de serie B, cuando unos zombies o monstruos genéricos raptan al protagonista y para aturdirlo/retenerlo utilizan toda una suerte de viles y destructoras técnicas como pueden ser contornearse sin sentido y agarrarlo de hombros y torso sin fuerza…. sólo que esta vez los zombies son británicas cachondas y la buenorra protagonista es un Buitre sin afeitar, libre y con su mejor chándal digno de la mejor timba de póker. La visión del Hombre buitral desapareciendo tras las puertas del ascensor, sus lorzas atenazadas por las manazas de las guiris, una resistencia por su parte nula y los gritos de las hooligans ávidas de sexo y la firma de A. Romero en la noche de los muertos vivientes parece un cliché.

Recuperado, con sondas o no, sube el sex symbol en otro ascensor a nuestra planta. Las británicas cachondas, en primera instancia, con la teoría de la ciudad nueva, parece un grupo digno de disputar el torneo Playboy de volley playa. Y es que esta técnica es tan cruel para los hombre y tan difícil de esquivar que hasta yo mismo caigo con elevada frecuencia. No falla: si vas a un sitio nuevo y ves un grupo de 4-5-6 tías o másy UNA o DOS están buenas y en tus cromosomas llevas una Y, estás perdido, automáticamente tu organismo empieza a segregar testosterona, se te embota la mente y tu cerebro sólo asimila que TODAS están buenas. Ahora entiendes por qué cada vez que alguien viene de una ciudad o sitio nuevo te dice la de tías buenas que hay por ahí. Pero bueno, avancemos en la historia.

Ni siquiera ha acabado “el partido”, pero ya hemos cenado, y charlton y yo nos vamos para el apartamento a continuar bebiendo, puesto que los demás prefieren echar un trago previo mientras ven acabar el partido ( fatalmente para el equipo del turia). Sube la gentuza y continuamos el botellón todos juntos, Diegol ya ha puntuado. Acabamos con la mezcla, hacemos una botella y bajamos para la zona British. Fin del grupo.

Cada uno empieza a dispersarse por un lado distinto, utilizando sus más sucias técnicas de ligue, y yo, utilizo la mía. Me quedo de pie y me dedico a mirar, siempre me gustó mirar. Pero esta vez me lo ponen difícil, me dejan solo y vamos haciendo un corre que te pillo, un tira y afloja por todos los pubs de la zona british, en la calle peatonal. Del bahamas al hipodrome y de ahí al otro, y vuelta a empezar. Parece que Diego puntúa de verdad y dice que se lleva a la chati al apartamento, mal me veo, hay dos apartamentos, somos seis y uno ya está ocupado, es cuestión de tiempo que otro pille y me quede durmiendo en la calle. EL buitre con empeñado en deshacerse de su patrimonio, no para de atusar a jóvenes y viejas con sus móviles y demás parafernalias, como vendiéndoles algo. Finalmente decide que ya está bien, y su noche acaba pasadas las tres, bajo al hipodrome por última vez.

Allí está Diegol, que supuestamente se había ido al apartamento a zumbarse a la escandinava, escorado con ella en una eterna danza. Me veo sólo, como toda la noche extraña en benidorm, y ya no sé qué hacer. Aparece Charlton ya medio a tope, saca un billete de 20 euros y lo blande al viento cual espada. Los ojos cerrados, la boca desencajada, los movimientos mecánicos, se empeña en que me paga un cubata, cuando soy yo el que le debe uno. Le saco un vodka red bull y me enfilo yo otro, pero sin conseguir que baje el brazo con los 20 euros en alto. Le repito unas 60 veces que ahora estamos en paz, y que no me apetece beber más de momento, pero es imposible, conforme le bajo el brazo lo sube como un resorte, cual estatua de la libertad prostituida.

Al lado de la esquina que habíamos escogido para echar el trago, pero en el lado contiguo, enfrente del dj, y no de cara a la salida como el nuestro, hay un grupúsculo de tiparracas. Disimuladamente, o no, las examino. De espaldas a mí, y la más próxima a mi esquina hay una buena jaca, más de uno ochenta, delgada, estilizada, morena, con el pelo a media melena, un vestido elástico que deja casi metro y medio de piernas como bello espéctaculo, jóvenes carnes enjutas y flexibles. En frente de ella, y por ende de mí, hay una especie de gorda masticable que se ha ido de madre, y lo de masticable quedó atrás como el efecto 2000, y resulta una puta de segunda regional en horas bajas. Gorda neumática, embutida en ropajes sexys, la falda le tira y le queda corta, como está de muslapenes abiertos mi mirada va directa al punto y encuentra un abultado tanga morado. Creo que sí que necesitaba otro cubata. El grupo se complementa con otra jamba alta, pero esta vez rubia, peor que la morena pero apetecible, muy apetecible a aquellas horas. Más llena y blandita que su compañera morena, pero dentro de una bondad MUY aceptable, parece cariñosa, que diría uno que yo me sé. Y cerrando el grupo, la Líder. Una tía de esas que dices madre de Dios Santo, por esto se reservan los derechos de admisión. Una tipa mal hecha hasta el hastío, con el cuerpo de proyectil gordo y en forma de bolo que tienen los hombre gordos de… 60 años, con toda la gravedad en el centro, obesidad central que la llaman, y como agravándolo, la amiga se enfunda unas mallas elásticas y una camiseta de culturista que le vendría holgada al mejor hulk hogan. Una tipa de esas que dices si la empujo un poco, se pone a dar vueltas y no para jamás, pero a difeencia de la masticable en horas bajas, esta mujer no conoció la forma humana, remata su abyecto cuerpo una cabeza enorme, descomunal, como la que le pondrías en pesadillas a una cerda de 400 kilos que está dando una camada de 32 cerdos por el culo.

Algo me dice que la noche se ha tornado en prometedora, y me aparto un poco a hacer como bailo mientras vigilo al grupo en perspectiva, me coloco justo al bajar de las escaleras, entre las dos barras, mientras charlton sigue con sus bailes, peleándose con la chaqueta como siempre y con el billete de 20 pavos ondeando al viento. De repente se produce una explosión cósmica, y de un agujero pantenporal surjen Lorenzo y Jimmy, asediando o perseguidos por algún escuerzo, no recuerdo. Nos sorprendemos los 4 de reencontrarnos y estamos hablando un poco, y nos ponemos a movernos y yo me escoro más. Que comience el espectáculo.

La gorda Líder se hace valer el cargo y, a sabiendas que su grupo está llamando la atención, se pone a pasarse un hielo boca a boca con una de las compañeras jamonas. Rápidamente llaman la atención de mis conpinches y se ponen a arrimar la cebolla con todo su arte y sucias técnicas. Todos quieren el hielo de las dos guapas, pero de vez en cuando se tienen que comer a los troncos, cosa que por otro lado no les desagrada. De momento es hielo y nada más, todo un inocente juego. Pero yo, observador, veo fácilmente como el grendel ha tejido la telaraña y se está llevando a los pobres mosquitos a un sitio de donde no podrán salir. Así que cuando ella decide -la jefa-, deja de lado el hielo y empieza a enrollarse con mis tres amigos, uno detrás de otro. Su papada brinca de felicidad al poder deglutir a tan magníficos ejemplares. Ellos no saben ni cómo ni porqué, pero allí acaban comiéndole el morro al mosntruo del averno, a turnos, sobándole la tripa y las barrigas, los brazos morcillóneos, y cuando se les acaba el chance, buscan a las buenas y al ser rechazados vuelven a por el néctar de la gorda. Jimmy, tal vez el menos ciego de los tres, intenta enrollarse con las buenas en contra de su voluntad, y ciertamente lo consigue a ratos, les mete su sucia apéndice hasta el cogote y las soba de arriba abajo, en contra de la voluntad de ellas que lo empujan y vuelve a tocarle el turno para el barril, que tiene para todos. A todo esto, para mi agradable sorpresa, la jaca buena morena, la del vestido, empieza a abalanzarse sobre la barra, descubriendo todo su culo. Un digno espéctaculo para todo un voyeur como yo, la joven, ajena a todo el mundo, muestra sus piernas hasta más allá de donde acaban, dejando todos los glúteos fuera, mientras mis camaradas hacen el canelo con la gorda.

Probablemente el momento álgido sea cuando Lorenzo y Charlton haciendo cola para la gorda, la tiene Jimmy a su merced, haciéndole las más tétricas guarradas que se pueden hacer en la disco, enrollándose con ella como si se fuera a acabar el mundo, advierte que yo sigo allí. Primero me mira de reojo, y hace como que no me ve, pero al ver que yo le he visto, y sé que me está viendo, se le hiela la sangre al principio… y si hubiera podido pagar 100 euros porque yo no presenciara aquello bien sabe que lo hubiera hehco, pero yo estaba allí ya en toda mi gloria. La cosa sigue unos 20 minutos, la gorda jefa teje unas marañas que hacen que quieran ellos o no ( vamos a darles el beneficio de la duda) siempre estén con ella sin dejarla ni tomar el aire.

De repente noto que no soy el único voyeur de la sala, y detrás de mi se han juntado un par de negros y un guarro como yo, contemplando la que está enseñando el culo. Imagino la escena grabada desde las cámaras de seguridad, cuando me interrumpe un grupo de dos o tres moros asquerosos, de esos que van vendiendo por la calle y trapicheando, que ha olido el sexo y entran al trapo. Así que ahora son 5 ó 6 para la gorda y sus secuaces, que no dan abasto, más que nada porque el 90% del tema se lo lleva la jefa, y cuando me temo que habrá violencia y demás, una tiparraca me abstrae de mis pensamientos pisándome con su tacón en mi tobillo y me deja amargado, y creo que me pintan la hora de irme. Dejo a las fieras con la domadora y encaro la subida al apartamento.

Dos cosas del día siguiente: Charlton no tiene nada de dinero ( a alguien le vendría bien el suyo) y el grupo de golfas estaba en nuestra planta, eran las que habían secuestrado al buitre.

Así que nunca te fies de la teoría de la ciudad nueva, o sí, si quieres compartir un monstruo con los colegas.

Kojimasexual diciembre 09

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